La polis beocia fue fundada, según la leyenda, por Cadmo y Harmonía, quienes habían recibido instrucciones de seguir a una vaca y fundar la ciudad en el lugar donde esta se echara (la profecía provenía del Oráculo de Delfos). Así lo hicieron, pero Cadmo tuvo que enfrentarse a un dragón, matarlo y sembrar sus dientes en la tierra. De cada diente brotó un guerrero completamente armado, y los recién nacidos lucharon entre sí. Cinco sobrevivieron, y ayudaron a Cadmo a fundar la polis.
Cadmo era fenicio y dio el alfabeto a los griegos; Harmonía era hija de Venus y Marte, una ascendencia bastante distinguida. Los guerreros ayudaron a ambos a fortificar una ciudadela que más tarde sería conocida como la Cadmea. Desde esa fortaleza se desarrolló la ciudad beocia que llegaría a tener una historia gloriosa y trágica, sobre todo por ser el lugar de nacimiento del más grande héroe de la Antigüedad: Heracles.
La polis estaba situada al norte del Ática, al pie del Monte Citerón, cerca de una de las pocas llanuras de Grecia, la de Platea, pero también en la ruta que desde el norte daba acceso al Ática y al Peloponeso. Esto la convertía en el primer cruce de caminos encontrado por los pueblos invasores, lo que a menudo obligaba a sus habitantes a aliarse con ellos, ganándose así una reputación de traición.
El primer rey de Tebas fue Penteo, un hombre torpe, sobrino de Cadmo y primo de Dionisio, el dios del vino y del caos, hijo de Sémele, la hija menor de Cadmo, y nada menos que de Zeus.
La polis de Tebas, atrapada entre dos potencias —Esparta y Atenas—, vivió un período de gloria que duró unos veinte años gracias a dos de sus hijos: Epaminondas y Pelópidas. Sin embargo, tras este período de supremacía, Tebas tuvo que ceder ante la estrella ascendente del reino macedonio bajo Filipo II.
Tebas fue una enemiga feroz de Atenas y con frecuencia simpatizó con los espartanos. Durante la Segunda Guerra Médica, se vio obligada a apoyar a los persas de Jerjes, lo que no la dejó en buena posición con las demás poleis griegas. Pero fue en la Batalla de Leuctra en el año 371 a. C. cuando los tebanos, dirigidos por un hijo ilustre de la ciudad, Epaminondas, alcanzaron la hegemonía en Grecia.
Otro destacado tebano, Pelópidas —exiliado en Atenas—, también contribuyó a reforzar la primacía de la ciudad. Todo terminó en el 338 a. C., año de la destrucción en Queronea de la Banda Sagrada de Tebas, una tropa de élite fundada por Pelópidas, a manos de un joven de diecisiete años que pasaría a la historia: Alejandro de Macedonia, más tarde conocido como Alejandro Magno.
Nuestra historia tiene lugar precisamente durante el período en que Pelópidas, exiliado en Atenas, logró —con la ayuda de Epaminondas, que trabajaba desde dentro de la polis— matar a Creonte, el títere apoyado por los espartanos, y posteriormente liberar la Cadmea de los propios espartanos, quienes se vieron obligados a abandonarla humillados, entregando sus armas a cambio de la libertad para marcharse.


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