Orión: el jefe de los donjuanes.

Este es un mito donde pasa de todo. Orión nace en Beocia de Euríale, hija de Minos, y de Poseidón. Debemos recordar que Minos, a su vez, era hijo de Europa, princesa fenicia, y de Zeus, quien la había raptado bajo la forma de un toro blanco y la había llevado a Creta volando sobre la espuma del mar. Así que la genealogía del muchacho era de sangre azul. Era considerado el más bello entre los mortales y también un gran cazador. Para satisfacer su gran pasión, solía desplazarse entre los bosques de Grecia y de las islas.

Un día, en Quíos (una isla del Egeo), conoció a Mérope, la hija del rey del lugar, y se enamoró de ella al instante. La joven correspondió al amor de Orión, feliz de caer en brazos de un hombre tan apuesto. Pero… ¡había un pero! Cuando se presentó ante el padre de la muchacha, el rey Enopión, este impuso como condición para el matrimonio que matara a todas las fieras que infestaban la isla. El rey sentía una malsana pasión por su hija y esperaba que Orión muriera en una de esas cacerías.

Como prueba de sus hazañas, cada noche Orión entregaba a Mérope las pieles de los animales que había matado (lobos, osos e incluso leones). Los dos prometidos saboreaban el fin de aquellas fatigas y las futuras alegrías del amor que los esperaba. Pasados unos meses, Orión, creyendo haber cumplido su misión, se presentó ante Enopión diciendo que la isla había sido liberada de esas plagas. El rey, viéndose perdido, le dijo que aún quedaban muchas fieras sueltas y le negó la mano de Mérope, expulsándolo con desprecio.

A Orión no le quedó otra que ahogar sus penas en vino puro, y bajo los efectos del alcohol hizo lo que no debía: entró en las habitaciones de Mérope y la violó. Enopión, hijo de Dioniso, envió entonces a unos sátiros que incitaron a Orión a seguir bebiendo. Cuando estuvo completamente ebrio, Enopión entró en su habitación, le arrancó ambos ojos y lo arrojó a la orilla del mar. Un oráculo predijo que Orión recuperaría la vista viajando hacia oriente y exponiendo sus vacías cuencas a Helios al amanecer.

A pesar de su ceguera, Orión consiguió una pequeña barca y comenzó a remar siguiendo el sonido de los martillos de las fraguas de Hefesto en la isla de Lemnos. Una vez allí, convenció al aprendiz Cedalión para que le sirviera de guía. Después de un largo viaje, llegaron a la playa más remota del Océano, donde Eos, la hermana de Helios, se enamoró de Orión al instante y convenció a su hermano de devolverle los ojos y la vista.

Eos, en plena éxtasis amorosa, llevó a Orión de luna de miel a Delos (una de las Cícladas), pero él solo pensaba en la venganza y partió de repente hacia Quíos. No logró encontrar a Enopión, que, advertido de su llegada, se había hecho construir por Hefesto un refugio subterráneo. Creyendo que el rey había huido a Creta, Orión navegó hacia la gran isla. Allí, durante una cacería, encontró a la diosa Artemisa, y entre ambos nació un tierno y casto afecto.

La diosa virgen lo convenció de abandonar sus deseos de venganza y dedicarse con ella a los placeres de la caza. Pero Apolo, el hermano gemelo de Artemisa, que no quería para su hermana el amor de un mortal, acudió a la Madre Tierra y le describió a Orión como un arrogante fanfarrón que se jactaba de poder eliminar a todas las bestias de la tierra. La Madre Tierra, en un momento de ausencia de Artemisa, envió contra Orión un gigantesco y venenoso escorpión.

Todas las armas del joven resultaron inútiles contra la coraza del monstruo, y a Orión no le quedó más remedio que lanzarse al mar e intentar alcanzar Delos, donde sabía que Eos lo salvaría. Pero el destino había decidido otra cosa. Apolo, de nuevo él, dijo a Artemisa que un tal Candaón había deshonrado a una de sus doncellas. Luego, señalando hacia el horizonte la cabeza de un nadador, le dijo: “Ahí está el culpable; está a punto de llegar a Delos, nuestra isla natal. ¿No eras tú una gran arquera, hermana?”.

La diosa de la caza sacó una flecha de su carcaj, apuntó cuidadosamente y mató de un disparo a Candaón, quien no era otro que Orión, el nombre con el que era conocido en Beocia. Apolo se reía satisfecho, mientras Artemisa, desesperada, se dirigió a su sobrino Asclepio. El gran médico había resucitado varias veces a los muertos, provocando la ira de Hades, pero cuando Asclepio estaba a punto de devolver la vida a Orión, un rayo de Zeus lo fulminó.

Una Artemisa resignada colocó a Orión en el cielo.

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Antonino Salzone nasce nel 1957 a Villa San Giovanni. Si laurea in Medicina nel 1982 con il massimo dei voti all’Universita’ di Messina.
Successivamente si specializza in Ostetricia e Ginecologia all’Universita’ di Bari. Ha lavorato come ginecologo in una decina di strutture ospedaliere in Italia e all’estero. Da circa un decennio, da autodidatta si e’ dedicato alla decorazione di ceramiche artistiche. Pseudonimo: Μεθρον (Metron) che in greco indica equilibrio, misura.
Andato in pensione nel 2021 si e’ dedicato alla sua vera passione: la storia greco-romana. E’ appena uscito nel 2024 il primo volume di una trilogia, dedicata all’antica Grecia: “Miti greci e dintorni” per YCP. Dello stesso autore: Gli dei dell’Olimpo e non solo, Flauti di guerra che completa la trilogia dedicata all’antica Grecia e Il ragazzo di Ellis Island una appassionante storia di emigrazione italiana tutti editi da YCP, 2025. Esercita ancora la professione privatamente e vive a Tarquinia.

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